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Aunque no es fácil delimitar el origen exacto de un pueblo, podemos decir que el actual emplazamiento de Arroyo tiene su origen en el medievo, concretamente en el siglo XIII.

No obstante, también es cierto, que en las proximidades de la población cristalizaron dos culturas que tienen un origen bastante anterior.

La primera de ellas está situada a unos 9 Km., donde se desarrollará el “Castro de Sansueña”. Actualmente está incluida en la llamada “Cultura de los Castros”, cultura que tuvo su apogeo entre los siglos IV- III a.c, por lo que nos encontramos en una época todavía prerromana ligada al mundo Vetón-Lusitano.

La segunda manifestación cultural se encuentra a unos 3 kilómetros de la villa, concretamente en el Dehesa de la Luz, donde los restos encontrados, tégulas, prensas olearias, monedas, tumbas… nos hablan de un mundo romano y visigodo. La cronología de este asentamiento perduró al menos hasta el siglo VIII d.C.

De esta época data la primera de las leyendas que el pueblo tiene “El Conde Pelagio”, leyenda que entronca con el inicio del cristianismo en el pueblo y con la advocación a la Virgen de la Luz.

A partir del 714, la villa romano-visigoda, como toda la península, queda incorporada al poder musulmán. La inexistencia de datos sobre este período histórico nos lleva a pensar que la incorporación al mundo árabe se hizo de forma pacífica.

A pesar de esta concordia, el final de la presencia musulmana en la zona viene determinado por la segunda gran leyenda del pueblo: “Batalla del Pozo de las Matanzas”, leyenda de tintes épicos que se inscribe en el proceso reconquistador que en abril de 1229 estaba realizando Alfonso IX de León por toda esta zona.

Será a partir de estos años cuando Arroyo se constituyó como enclave poblacional en el espacio que hoy ocupa. Así pues, Arroyo del Puerco surgió como consecuencia de la construcción o reconstrucción de un castillo y por la cercanía de las dehesas que el Concejo de Cáceres daba a los campesinos, o cual hizo que se concentrara en torno a esta primitiva fortaleza  un grupo, no muy numeroso, de colonos.

Posteriormente, hacia 1360, es cuando Arroyo se relaciona con Los Herrera. La consideración de este linaje arranca del mariscal García González de Herrera, el cual al contraer matrimonio por primera vez con Estefanía Fernández, se convirtió en titular de los dominios de su esposa gracias a la donación que realizó su familia con motivo de su matrimonio. La fortuna de García González de Herrera siguió creciendo porque hacia 1390 y tras morir su primera esposa vuelve a casarse, en este caso con María de Guzmán.

En 1397 Arroyo pasó a manos portuguesas durante unos tres años. Ya entrado el siglo XV los ejércitos del Rey castellano recuperan Arroyo y en 1402 Enrique III “El Doliente” otorga a la villa personalización propia y no como territorio de Cáceres, concediéndole  el escudo de armas a Arroyo, formado por un fresno o roble y un verraco, fortaleza, energía e incorruptibilidad.

 

Tras varias generaciones, Arroyo pasa a manos de Doña Ana de Herrera y Velasco, una de las descendientes de la Casa de los Herrera, quién contrae matrimonio con Don Alonso Pimentel, V Conde de Benavente, quedando éste como Señor de la Villa Conde-Duque de Benavente y Herrera.

slots online 1.05pt 0pt 0cm; text-indent: 35.45pt; text-align: justify">En 1503 con los Reyes Católicos se reconoce totalmente Arroyo como señorío, creando su propia jurisdicción a merced de los señores de Herrera y Benavente y erigiéndose como prueba de ello el rollo de la villa. Es a partir de esta época (siglos XV-XVI) cuando se empiezan a ubicar los edificios públicos y a construirse los privados.

 

El siglo XVI, considerado a nivel nacional el Siglo de Oro, es también la centuria más importante de nuestra historia:

-Se finaliza la construcción de la Iglesia de la Asunción.

-Se inaugura el programa pictórico de Luis de Morales.

-Construcción del Convento de San Francisco.

-Se levanta la Ermita de San Antón.

-Reconstrucción de la Ermita de la Virgen de la Luz.

-Se finaliza la construcción del Palacio de los condes de Benavente.

 

Durante el siglo XVII Arroyo se verá condicionado fundamentalmente por su carácter fronterizo que lo relaciona con el reino portugués. Los antiguos conflictos entre cristianos y musulmanes serán  sustituidos por los enfrentamientos entre castellanos y portugueses, especialmente a partir de 1640, momento en que los lusitanos se desligan definitivamente del reino español. En este siglo concluyen dos construcciones significativas: la Ermita de la Soledad y la Casa Palacio de los Marín.

 

En el siglo XVIII, la villa, como el resto del país, tendrá una nueva dinastía real, los Borbones, que vinieron a sustituir a la dinastía de los Austrias, no obstante Arroyo del Puerco siguió bajo dominio de la Casa Benavente. Se produce durante esta centuria la remodelación más amplia de la Ermita de San Sebatián, mandada y sufragada por D. Diego Holgado de Guzmán.

 

El siglo XIX se inició con la invasión de España por las tropas napoleónicas, invasión que tendrá gravísimas consecuencias para todo el territorio nacional. Nuestro pueblo sufrió como tantos otros, saqueos, robos, incendios y destrucciones que prácticamente arruinaron por completo al vecindario en tan sólo tres meses que duró su permanencia en la villa.

Es en este momento cuando la Ermita de la Virgen fue asaltada, destruidas sus bóvedas y quemadas las imágenes de la Virgen de la Luz y el Cristo de la Expiración, lo que obliga al Concejo a encargar las dos obras que son las que hoy se veneran por todos los arroyanos.

El siglo XIX será el siglo del liberalismo y por tanto del inicio del constitucionalismo y la abolición del Régimen Señorial, mediante la supresión de los derechos jurisdiccionales que los Condes de Benavente venían ejerciendo sobre la villa desde el siglo XVI. Fue Pedro de Alcántara Téllez (XVI Conde) el último que ejerció el señorío sobre la villa (1837).

A finales del siglo XIX y en plena Restauración Canovista, Arroyo sufre como tantos otros pueblos extremeños el azote oligarca y caciquil representado en su máximo regidor, Germán Petit Ulloa.

Durante la dictadura del General Primo de Rivera, en 1929, se produjo el primer intento por cambiar el nombre a la villa. Ese año se celebró un plebiscito popular donde por abrumadora mayoría los arroyanos optaron por mantener el nombre “Del Puerco”.

La llegada de la República en 1931 fue recibida en Arroyo con grandes expectativas y esperanzas de cambio en las masas trabajadoras, ilusiones que poco a poco s irán frustrando unas tras otras. Fueron los años del establecimiento de un segundo régimen republicano, régimen que hizo aflorar definitivamente el asociacionismo político y sindical como expresión más genuina de la democracia parlamentaria.

La Guerra Civil de 1936-39 tuvo funestas consecuencias para el vecindario de Arroyo afín a la República. En pocos días se dejó sentir la faceta más dramática de la represión ejercida por los nacionales, “paseos” y Consejos de Guerra acaban con la vida de muchos arroyanos.

Pero la Guerra Civil también trajo una profunda modificación para el pueblo, el definitivo cambio del nombre, de Arroyo del Puerco al actual Arroyo de la Luz, cambio que se produjo el 11 de diciembre de 1937 por Decreto del General Franco, siendo alcalde Francisco González Toril. En relación con este cambio, en 1941, se decidió cambiar el escudo heráldico imponiéndose el actual que alude a la batalla librada entre musulmanes y cristianos allá por el siglo XIII.

La década de los cuarenta del siglo pasado será también la de los años “del hambre”, de penurias económicas y del racionamiento. De la misma forma algunos arroyanos, en un ambiente tan hostil, procuraron seguir culturizando a la villa, se fundó la Revista de Ferias y Fiestas de Arroyo de la Luz, revista en la que escribieron Juan Luis Cordero, Juan Ramos Aparicio y Pedro Caba entre otros.

Los años sesenta y setenta son los años del desarrollismo económico pero también los de la emigración masiva de arroyanos a otras regiones españolas e incluso a otros países, el éxodo rural se dejó notar en nuestro pueblo de manera brutal.

Con la muerte de Franco en 1975 entramos en una nueva etapa democrática, recuperación de las libertades que se han manifestado, entre otras muchas cosas, en los sucesivos procesos electorales que Arroyo ha experimentado y que nos han dejado los siguientes alcaldes:

-José M. González Bravo.

-Felicísimo Bello Merino

-Lorenzo Pérez Duran.

-Y el actual, Santos Jorna Escobero

Texto: Francisco Javier García Carrero

 
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